CRÍTICAS

 

 

 

La más que divertida "Guerra del sofá"

David Barbero

 

 5 septiembre. www.davidbarbero.com

 

-Vamos a comenzar por lo práctico. Había intención de haber terminado ayer las representaciones teatrales de ‘La guerra del sofá’. Pero esa decisión está en suspenso. Se anuncia una prórroga. Por lo tanto, quienes estén interesados en disfrutar de una comedia divertida y autocrítica, pueden (deben) estar atentos.


-En el título, al decir ‘Más que divertida …’ me refería a ese punto añadido de autocrítica al que se ve inclinado el espectador de modo distendido, agradable y entretenido.


–Conocía e texto original del polifacético Manuel Hidalgo. Me honro con haber sido su compañero de trabajo. Tanto en aquel texto como en la adaptación, realizada por Carlos Panera, están presentes sus muchas cualidades literarias, intelectuales y analíticas. También aparece su concepción visual de la literatura, su capacidad para crear personajes, su dialéctica sutil, inteligente y elegante.
-La obra da trascendencia a los momentos cotidianos. Pone ironía, picardía y énfasis en cada una de las frases, incluso en cada palabra y cada gesto.


-Podría parecer que atribuyo a Manuel Hidalgo las alabanzas de la obra. Pero no es así. Incluso insistiría en que pretendo todo lo contrario. El mérito de este espectáculo es compartido. Ya he aludido a la adaptación de Carlos Panera. Es preciso destacar la interpretación y la dirección de Lola Baldrich y Gorka Minguez.


-Está llena de detalles, de matices, de entonaciones cuidadas.


-Parece un texto sencillo. Pero tiene muchos planos. Hay constantes desdoblamientos. Gestos pequeños marcan cambios notables.


-Sin olvidar la valentía y el riesgo que montar compañía y lanzarse por el espinoso camino de la producción y distribución.


-Es de agradecer la propuesta directa, dinámica, cercana de esta obra. Es de destacar la complicidad que se establece con el público. Es una consecuencia de la que existe entre los actores.


-Termino como empecé. Estén atentos a la prorroga que se anuncia.

 

 

La difícil convivencia

 

Javier Villán

 

Crítica de Javier Villán en EL MUNDO el 6 de junio en el Pequeño Teatro Gran Vía

3 estrellas

 

Manuel Hidalgo es periodista y tiene la agilidad del lenguaje periodístico.  Eso se nota en los diálogos de "La guerra del sofá", incruenta, aunque deje heridas de difícil cicatrización.   Esta pieza tiene más de vodevil que de alta comedia y su actualidad es esterna y, quizá hoy más acentuada que nunca dada la deconstrucción de la pareja y por tanto la deconstrucción del amor.  Este revuelo sentimental apuntala sus ruinas en vagos conceptos de libertad.  Y la puesta en escena se refuerza con la espléndida interpretación de Lola Baldrich sugerente y provocadora y el contrapunto de Gorka Mínguez.

 

Esta guerra del sofá no pretende ser "Secretos de un matrimonio" de Ingman Bergman; es más doméstica y cotidiana, más primaria podríamos decir, más de andar por casa sin filosofías profundas ni existencialismos traumatizantes.  Es el minuto a minuto, las 24 horas de un matrimonio, sus desaveniencias, sus reproches y las inquinas que puede producir la disputa por el mando de la televisión o por una hipocondria ridicula o la batalla contra las suegras.  En resumidas cuentas, la dificultad de convivir en buena armnonía.

 

Todo es intascendente y todo es terrible; todo es tópico y todo es suciamente real y revanchista.  En ese rifirrafe diario, cuyas aristas se afilanpor unas gotas de pis fuera de lugar o unas compresas a destiempo, hay más ternura que odio.  Pero es una ternura cruel, vengativa, revanchista, cuya melancolía no se atenua por el recuerdo de tiempos mejores y más apasionados.

 

Pero no todo está perdido irremisiblemente; en el fondo el autor es un optimista con una idea redimible del amor.  De las cenizas de éste y la pasión quedan rescoldos, celos, complicidades.  Y en un episodio de reconciliación fugaz y acaso largamente esperado o elaboado, la pareja enjendra un hijo.   Puede que eso no arregle la cuestión y que incluso la intrusión de un vástago incremente los enconos.  Puede que la educación de ese inocente quede lastrada desde el principio por las mismas neuras, desilusiones y egoísmos.  Pero en principio es un rayo para la esperanza.

 

 

La guerra del sofá 

 

Margarita Pérez

 

Crítica de Margarita Pérez en Yourway Magazine el 9 de junio en el Pequeño Teatro Gran Vía 

 

 

Millones de parejas en el mundo, las mismas discusiones.  Como si el tiempo no pasase por la generaciones, como si el salón del Pequeño Teatro Gran Vía fuera el de nuestra propia casa, como si Lola Baldrich y Gorka Mínguez fueran él y ella, como si fuéramos tú y yo.


Lo cierto es que la batalla de "La guerra del sofá" empieza floja con balas cargadas de trivialidad, pero la contienda se calienta en poco tiempo y pronto ambos miembros de la pareja tiran a dar lanzando con el otro lo primero que se les pasa por delante.


Así somos, discutimos por cualquier cosa que se preste a ser arma arrojadiza.  Si no tenemos nada a mano sobre lo que discutir se rescatan viejas rencillas y asunto arreglado.  Si no es porque sales tú de marcha, es porque salgo yo, si las vacaciones de este año aún no han dado juego, se sacan a reducir las del año pasado.  Las necesidades filosóficas de cada uno y la forma de satisfacerlas no dejan de ser un as bajo la manga y a las malas siempre se puede meter uno con la madre del otro sin dejar que estar alerta por si el otro se mete con la madre de uno.


Los actores interaccionan con los asistentes y juegan bien con el papel del narrador protagonista, si se tiene una visión general, pero hay momentos en los que la narración corta el ritmo de la obra por lo rápido que se desarrolla.  Lejos de alistarme en alguno de los dos bandos, voy a destacar la compenetración de ambos actores, que permiten que el público se identifique con ellos y ría, por verse reflejado o por lo cómico de la situación, pero que ría.  Tan sólo una pega, no sé si es un recurso para asustar al enemigo, pero la exageración en algunos gestos se podría evitar.


El decorado deja claro que para discutir sólo hace falta una cosa, ganas, lo que haya alrededor es puro adorno y testigo del combate dialéctico.  En todo caso bastaría con dos habituales compañeros de viaje en las discusiones de pareja, el mando a distancia y el sofá.  La música que ameniza la lucha adecúa al "ni contigo ni sin tí" que se trae la parejita.


Todo en conjunto deja una estampa digna de ver porque, de alguna manera u otra, todos estamos cortados por el mismo patrón y la misma guerra de sexos que se libra en el escenario se libra en el patio de butacas, con Lola luchamos todas y  con Gorka batallan ellos, teniendo en cuenta que en todo conflicto hay que tener los cinco sentidos alerta y refugiarse en cualquier cabo suelto para atacar de nuevo, ya se sabe que en el amor y en la guerra, todo hueco es trinchera.


Por mucho fuego cruzado que se presencie, uno sale con la sencación de haber disfrutado y con un deseo: que todas las peleas en la vida real sean como las de "La guerra del sofá", inocuas, de las que no van más allá de un "si te toca a ti te aguantas"  o "quita de mi vista ese cilindrin".

 

 

 

 

El campo de batalla de la pareja

 

crítica de Moisés C. Abalau

 

Crítica de Moisés C. Abalau en Enplatea.com el 8 de junio Pequeño Teatro Gran Vía

 

Lo bonito de la convivencia es precisamente lo difícil de ella, las pequeñas cositas que se van descubriendo, que se soportan en silencio, que se discuten acaloradamente y que se solucionan cediendo. Una divertida pareja, con un sofá como trinchera nos llevará a una interesante batalla dialéctica.

 

LA GUERRA DEL SOFA, protagonizada por Lola Baldrich y Gorka Mínguez, pone sobre las tablas situaciones de lo más cotidianas, pero no por ello menos divertidas. Bajar la basura, cambiar el rollo de papel higiénico, las suegras, la tapa del inodoro, etc… Toda esta retahíla de cotidianidad pasadas por el filtro de la comedia darán lugar a una serie de réplicas y contra réplicas chispeantes, irónicas y en las que cualquiera que conviva con otra persona las identificará perfectamente.

 

Los dos actores se encuentran frescos en escena, traspasan la cuarta pared en incontables ocasiones, provocando una interacción divertida con el público. A Lola ya la tenemos ubicada en su parte cómica por sus papeles televisivos y Gorka es todo un descubrimiento –por lo menos para mí- que le desconocía, y que se desenvuelve con una soltura envidiable en el difícil terreno de la comedia, donde la fina línea entre lo gracioso y lo chabacano es tan complicada. Este montaje es blanco por completo, y en ningún momento incomoda al espectador con situaciones o vocabulario grueso. Un montaje que permite relajarse y pasar un rato de lo más divertido.

 

A pesar de ser un tema trillado, esta GUERRA DEL SOFÁ, destila un aire nuevo en su planteamiento original, esas reflexiones en voz alta, la historia desarrollada a modo de sketches, y el uso de la música entre uno y otro. No se hace larga y el desenlace es de los que deja con la sonrisa puesta.

 

 

Ya que la convivencia en pareja es casi algo inevitable en algún punto de nuestra vida, no está de más acercarse a ver sobre el escenario la recreación de muchas situaciones vividas y sentirse identificado con los pensamientos de los protagonistas. Nada descabellado el plantear el sofá como ese campo de batalla y de reconciliaciones. Acercarse al pequeño teatro Gran Vía a comprobarlo es una buena idea.

 

 

 

LA GUERRA DEL SOFA con Lola Baldrich

 

crítica de BUTACA DE PRIMERA el 5 de julio de 2016. Pequeño Teatro Gran Vía

 

"La guerra del sofá" se trata de una obra del escritor Manuel Hidalgo, adaptada para el teatro de la mano de Carlos Panera, e interpretada y dirigida a su vez por los actores Lola Baldrich y Gorka Mínguez.


Es una de esa comedias ligeras para ver con tu pareja y limar asperezas, o con tu ex para olvidadr los malos rollos pasados, o con un amigo cómplice con el que reírte de esas pequeñas desavenencias que todos hemos protagonizado, o mejor dicho, protagonizamos a menudo, pero que vistas desde fuera y bien pensadas, no merecen más que sonrisas por lo infantil de nuestro comportamiento.


Varios actos independientes retratan la cotidianidad del convivir de una pareja de hoy en día, cada acto ambientado en un contexto diferente, pero con un mismo lugar en el que se desarrolla la acción, el omnipresente sofá de todo piso de vecino.


La obra de teatro plasma el argumento del libro de Manuel Hidalgo de forma divertida, amena, y hasta diría que pacífica y amable, más que la realiad muchas veces, y tratado desde la suavidad extrema de las discusiones primerizas, ojalá mis relaciones de pareja fueran tan edulcoradas en la mayoría de las trifulcas.


Esta adaptación del texto original, nos enseñas que esas batallas diarias ni se ganan ni se pierden, sencillamente, son dudas naturales, egos acostumbrados y esencias individuales puestos a prueba.  Y sin batallas ganadas, no hay guerra triunfante, ques es de lo que se trata, de lo no haya vencedores ni vencidos, sino aprendizajes lentos y duros de cómo somos con los demás y por qué.


Los actores destilan naturalidad por los cuatro costados, como si fueran pareja de toda la vida, se nota ahí que las discusiones son universales, y el ser humnano por naturaleza, humano, valga la redundancia, y mucho más común de lo que pensamos.


A lo largo de la obra da ganas de pertenecer a ese tipo de pareja, el que se habla sin remilgos, el que no se calla por complacer y a veces duramente acusa al otro de algo que ni siquiera ha sucedido aún, por miedo a aque se verdad suceda.


Esta pareja hace que revivas momentos pasados, de esos que no te acordabas, o que tu memoria, inteligentemente, había tratado de olvidad; pero lo bueno es que también auguran momentos futuros, banales unos, cruciales otros, por los que todos pasaremos o hemos pasado, y que nuestra memoria, estúpidamente en este caso, olvidará también para que no estemos preparados cuando nos toquen (o con nuestra arrogancia pensemos que estamos por encima de todo éso, qué risa me da...)


En hora y media consigues olvidadr un poquito lo malo de la vida en pareja, y rocordar lo bueno, lo que está ahí intrínseco a la convivencia con la persona que quieres, y que a veces olvidamos, porque lo damos por hecho y pasa a un segundo plano de importancia.  Gran error.


Pero el sofá lo sabe todo, todo lo escucha y todo lo resuelve... pon un sofá en tu vida, sería el lema de esta obra, y quizar de alguna gran compañía de decoración y mobiliarido.  Y si están Lola Baldrich y Gorka Mínguez en él para recrear las discusiones y nosotros poder contemplarlas desde fuera, porque lo hacen mucho mejor que uno mismo en algunos momentos, mejor que mejor: ¿se podrá alquilar a esta pareja por días?


Esperemos que vuelvan pronto de su gira, y se queden una larga temporada para contar con ellos.  Mientras tanto, olvidemos los malentendidos tontos, y pelillos a la mar, que la vida es muy corta pra estar enfadados.

 

 

 

LA GUERRA DEL SOFÁ, nadie gana

crítica de ALBERTO MORATE

 

Crítica de ALBERTO MORATE en entradas.com el 6 de junio de 2016. Pequeño Teatro Gran Via

 

LA GUERRA DEL SOFÁ de Manuel Hidalgo, podría ser un monólogo a dos voces, monólogo en forma de diálogo y reproches, y soliloquio entrelazado con apartes al público. Monólogo donde cada uno de la pareja nos muestra sus quejas del otro.

 

La pareja, el eterno tema de la pareja que se quiere pero no soporta ciertas manías, que critica pero depende de la otra media, que conviven en armonía pero que habría muchas cosas y costumbres que cambiarían, que se necesitan sin reconocerlo para no perder la guerra.

 

Esta pareja formada por Lola Baldrich y Gorka Mínguez no tienen pudor en mostrar sus pequeñas miserias. Esos momentos y detalles tontos que hacen que uno despotrique de detalles de la otra y ella de las nimiedades sin importancia de él.

 

Pero lo que no tiene importancia adquiere visos de drama, los detallitos que solo se mencionan en la intimidad o cuando hay mucha confianza con algún amigo para corroborar que en todas las relaciones de pareja cuecen habas.

 

Que si la tapa del retrete, que si reponer el papel (mal llamado higiénico), que si tirar la basura, que si salir por la noche con amigos, que si el mando…

 

¿Quién  realmente tiene el mando en esta Guerra del Sofá donde, posiblemente, el mando quede bajo el culo de uno de los dos? ¿Quién ganará esta guerra? ¿Quién tendrá la mejor estrategia? ¿Quién abrirá un nuevo frente o iniciará la próxima pelea?

 

Da igual, ninguno de los dos gana y los dos pierden poco a poco. Porque al cabo de los años se tira la toalla, y es cuando se llega a la guerra de silencios.

 

Pero de eso todavía no se habla. En la obra nos plantean una guerra en sus inicios, en realidad, son pequeñas escaramuzas, pequeñas batallas.

 

Lo bueno es que lo hacen con humor, con frescura, con desparpajo, de forma simpática, como si realmente estuviéramos de invitados en el sofá del salón de su casa.

 

Y nos divertimos porque es lo que a todos nos pasa. Y nos hace gracia escucharlo de labios de ajenos y extraños y nos solidarizamos como en un reflejo de cotidianeidad diaria. Así, pasamos un rato divertido, pensando, pues no soy el único que tiene esas costumbres, no son tan raras. 

 

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